7th Sunday of the Church Time C Los Angeles, February 23rd /24th, 2019

posted Feb 20, 2019, 11:22 AM by St Sebastian Catholic Parish   [ updated Feb 24, 2019, 10:18 AM ]

7th Sunday of the Church Time C

Los Angeles, February 23rd  /24th, 2019

1st Reading: from the 1st book of Samuel 26:2,7-9,12-13,22-23

Psalm :102(103)1-2,3-4,8,10,12-13

2º Reading: From the First Letter of St Paul

to the Corinthians 15,45-49

Gospel: Saint Luke 6:27-38

 

In last week's homily I spoke of an historical text that Pope Francis signed with the highest authority of Sunni Islam, Sheikh Ahmed Mohamed al-Tayeb; a joint declaration on Human Fraternity.

Today’s liturgy shows us an effective way to work in the construction of Human Fraternity. That way is called Mercy.

We Christians must be merciful in order to be able to love our enemies and to forgive without measure, as the Gospel asks us to do.

We must be merciful to resemble Jesus more and more each day.

We must be merciful because Mercy is indispensable in the construction of Human Fraternity and because the fruit of Mercy is peace in the heart, peace in the family, peace in the communities and peace in the world.

To be merciful we need to know ourselves and have big hearts.

To Know ourselves

The first step to being merciful and to work on Human Fraternity is to recognize that we have made mistakes, that we are not perfect, that in our acts and words there are not always feelings of love. We must still work on our personality in order to think about others before thinking about ourselves. We still have a long way to go before saying that we respect creation and that we do not participate in the destruction of that beautiful gift that God has entrusted to us. Knowing ourselves allows us to see the selfishness that frequently distances us from others and the fear that sometimes prevents us from meeting people who do not resemble us.

Knowing ourselves begins by recognizing that we are sinners like others and sometimes a little more than others. When we know ourselves then we are beginning to be merciful because we no longer feel the right to criticize, to judge or to speak badly of others.

Knowing ourselves is the first step that takes us to the second step: have a big heart.

Only a big heart can welcome the gifts of God. We need a big heart to always see the good words and good deeds of those around us. A big heart prevents us from getting into the lives of others and leads us to serve others so that Human Fraternity is a reality and not a theory.

A big heart knows how to listen to others, practices dialogue in every relationship, forgives and forgets. A big heart is happier than a spiteful heart. A big heart is always at peace and shares that peace with others.

The Gospel is right. If we are merciful we will receive a lot of love, we will live in peace and we will be known as workers of Human Fraternity around us.

Amen.

Fr. Germán

7º Domingo del Tiempo de la Iglesia

Año Litúrgico C

Los Ángeles 24 de febrero del 2019

1ª lectura : del 1er Libro de Samuel 26:2.7-9.12-13.22-23

 Salmo : 102(103)1-2.3-4.8.10.12-13

2ª lectura : de la primera carta de San Pablo

 a los Corintios 15,45-49

Evangelio: San Lucas 6,27-38

 

En la homilía de la semana pasada, hablé sobre  un texto histórico que el Papa Francisco firmó con la máxima autoridad del Islam sunita, el jeque Ahmed Mohamed al-Tayeb; una declaración conjunta sobre la Fraternidad Humana.

Hoy, la liturgia nos muestra un camino eficaz para trabajar en la construcción de la Fraternidad Humana. Ese camino se llama Misericordia.

Los cristianos debemos ser misericordiosos para ser capaces de amar a nuestros enemigos y perdonar sin medida, como nos lo pide el Evangelio.

Debemos ser misericordiosos para asemejarnos cada día más a Jesús.

Debemos ser misericordiosos porque la Misericordia es indispensable,  en la construcción de la Fraternidad Humana y porque el fruto de la Misericordia es la paz en el corazón, la paz en la familia, la paz en las comunidades y la paz en el mundo.

Para ser misericordiosos se necesita: conocerse a sí mismo y tener un corazón grande.

Conocerse a sí mismo.

El primer paso para ser misericordioso y para trabajar en la Fraternidad Humana es reconocer que hemos cometido errores, que no somos perfectos, que en nuestros actos y palabras, no siempre hay sentimientos de amor. Que debemos trabajar todavía sobre nuestra personalidad para pensar en los demás, antes de pensar en nosotros mismos, que todavía tenemos mucho camino por recorrer antes de decir que respectamos la creación y que no participamos en la destrucción de ese hermosos regalo que Dios con a confiado. Conocerse a sí mismo, nos permite ver el egoísmo que frecuentemente nos aleja de los demás y el miedo que nos impide a veces, encontrar personas que no se asemejan a nosotros.

Conocerse a sí mismo empieza reconociendo que somos pecadores como los demás y a veces un poco más que los otros.

Cuando uno se conoce a sí mismo, entonces estamos empezando a ser misericordiosos, porque ya no se siente el derecho de criticar, de juzgar, o hablar mal de los demás.

Conocerse a sí mismo es el primer paso que nos lleva al segundo que es tener un gran corazón.

Únicamente, en un gran corazón se pueden recibir los dones de Dios. Necesitamos un gran corazón, para ver siempre las buenas palabras y las buenas acciones, de los que están alrededor de nosotros. Un gran corazón, nos impide meternos en la vida de los demás y nos lleva a servir a los demás, para que la fraternidad humana sea una realidad y no una teoría.

Un gran corazón sabe escuchar a los demás, practica el dialogo en toda relación, perdona y olvida. Un gran corazón es más feliz que un corazón rencoroso. Un gran corazón está siempre en paz y comparte esa paz con los demás.

El Evangelio tiene razón. Si somos misericordiosos, vamos a recibir mucho amor, vamos a vivir en paz y vamos a ser conocidos, como obreros de Fraternidad Humana alrededor de nosotros.

Amen.

P. Germán
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