Baptism of the Lord A LA, January 11th–12th , 2014

posted Jan 9, 2014, 4:43 PM by German Sanchez

Baptism of the Lord

Time A

Los Angeles, January 11th – 12th , 2014

1st Reading: of the Book of the Prophet Isaiah 42,1-4.6-7

Psalm: Psalm 28(29),1-2.3-4.3.9-10

2º Reading: from des Acts of the Apostles 10:34-38

Gospel: Saint Matthew 3:13-17

This Sunday the Church invites us to celebrate the baptism of Christ and also our own baptism.

The liturgy reminds us of the events that happened on the day of Christ’s baptism. The same things occur every time we baptize anyone in the name of the Father, and of the Son and of the Holy Spirit.

On the day of baptism heaven is opened and a special relationship is established between heaven and the baptized.

First, a voice is heard saying: “This is my beloved son”.

Then, the Spirit of God comes upon the baptized person and stays with his/her ​​until the end of his/her life.

First, a voice is heard saying: “This is my beloved son”. Through baptism God reminds us that we are His beloved children. Through baptism we recognize that we are the beloved children of God. On the day of our baptism our parents, or we ourselves, accept having a special relationship with God. The baptized accept having a Father who is in heaven and who cares for us. We accept the voice of our Father and follow the path He proposes to transform us into righteous men and women. Every day of our lives we should listen to the voice from heaven that says, “This is my beloved son.” God loves us and He is with us every day, in all circumstances and in all places where we happen to be.

Then, after the voice of God tells us who we are, the Spirit of God comes upon the person baptized and stays with his/her ​​until the end of his/her life. Even if we are not faithful to our baptism, even if we forget that we have been baptized, even if we deny our baptism, the Spirit of God is always in our lives. He entered our lives on the day of our baptism and won’t leave us because He is loyal to His commitment and cannot deny us. That is why it is impossible to 'unbaptize' someone.

Being aware that the Spirit of God dwells within us should give us extraordinary strength to live. We are not alone when we face the adversities of life. The Spirit of God, who is light and wisdom, is always with us to illuminate our darkness and to clarify our doubts.

We should feel proud and responsible as the children of God who hold the Spirit of God in our lives.

We should feel proud and responsible for being sent to the world to proclaim to all nations that God wishes to be a caring Father for all.

We should feel proud and responsible for being the witnesses to other about God's presence in our world and in the hearts of all men and women of goodwill.

Let’s go out to the world to announce that God loves us and that the Spirit of God is among us to help us live as brothers and sisters with one other and with Christ.

Amen.

Fr. Germán

Bautismo del Señor

Año Litúrgico A

Los Ángeles, el 12 de enero del 2014

1ª lectura: del libro de Isaías 42,1-4.6-7

Salmo : 28(29)1-2.3-4.3.9-10

2ª lectura: de los hechos de los Apóstoles 10,34-38

Evangelio: de San Mateo 3,13-17

La Iglesia nos invita este domingo a celebrar el Bautismo de Cristo y al mismo tiempo a celebrar nuestro propio bautismo.

La liturgia nos recuerda lo que se pasó el día del Bautismo de Cristo. Lo mismo sucede cada vez que bautizamos a un bebé, a un joven o un adulto en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

El día del bautismo los cielos se abren. Una comunicación especial se establece entre el cielo y la persona bautizada.

En primer lugar, se escucha una voz que dice “este(a) es mi hijo(a) amado(a)”.

Luego, el Espíritu de Dios desciende sobre la persona bautizada y se queda con ella hasta el final de su vida.  

En primer lugar, se escucha una voz que dice “este(a) es mi hijo(a) amado(a)”. Por medio del bautismo, Dios nos recuerda que somos sus hijos(as) amados. Por medio del bautismo, nosotros reconocemos que somos los hijos(as) amados de Dios. El día de nuestro bautismo, nuestros padres o nosotros mismos, aceptamos vivir una relación particular con Dios. Los bautizados aceptamos tener un Padre que está en el cielo y que cuida de nosotros. Nosotros aceptamos escuchar la voz de nuestro Padre, de seguir el camino que Él nos propone para transformarnos en hombres y mujeres que caminen por el camino del Evangelio. Todos los días de nuestra vida deberíamos escuchar la voz del cielo que nos dice: “Tu eres mi hijo(a) amado(a)”. Dios nos ama.  Él está con nosotros todos los días, en toda circunstancia y en todos los lugares en los que nos encontremos.

Luego, una vez que la voz de Dios nos dice quiénes somos, el Espíritu de Dios desciende sobre la nosotros y se queda con nosotros hasta el final de nuestra vida. El Espíritu de Dios estará siempre en nuestra vida. Su presencia no depende de que seamos fieles a nuestro bautismo o de que nos olvidemos de haber sido bautizados o que reneguemos de nuestro bautismo. Él ha entrado en nuestra vida, el día de nuestro bautismo y no saldrá de ésta, porque Él es fiel a su compromiso y nunca nos renegará. Esa es la razón por la cual no podemos desbautizar a alguien.

Tomar conciencia de que el Espíritu de Dios nos habita, debe darnos una fuerza extraordinaria para vivir. No estamos solos frente a las adversidades de la existencia. El Espíritu de Dios, que es luz y sabiduría, está siempre con nosotros para iluminar nuestras tinieblas y para aclarar nuestras dudas.

Deberíamos sentirnos orgullosos y responsables por ser hijos(as) de Dios y por llevar en nuestra vida el Espíritu de Dios.

Deberíamos sentirnos orgullosos y responsables por haber sido enviados al mundo entero, para anunciar a todas las naciones que Dios desea ser el Padre, que cuida de todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Deberíamos sentirnos orgullosos y responsables por ser los testigos frente a todos los pueblos, de la presencia de Dios en nuestro mundo y en el corazón de todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

Vayamos al mundo para anunciar que Dios nos ama y que el Espíritu de Dios está en medio de nosotros para ayudarnos a vivir como hermanos y hermanas los unos con los otros y todos con Cristo. Amén

P. Germán
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