5th Sunday of Lenten C March 20th - 21st, 2010

posted Mar 16, 2010, 7:10 PM by Fr Germán Sanchez   [ updated Mar 16, 2010, 7:14 PM ]

5th Sunday of Lenten

Time C

Los Angeles, March 20th - 21st, 2010

1st Reading: from the Book of Isaiah 43,16-21

Psalm : 125(126)1-2.2-3.3-4.4-5.6

Reading:1st Letter of Saint Paul to the Philippians 3,8-14

Gospel: Saint John 8,1-11

One week before the end of Lent, the Word of the Lord invites us to reflect on forgiveness.

We all have been forgiven at some point in our lives, by our parents, our teachers, our classmates, our fellow workers, our husband, wife or partner.

We all have had an experience with receiving forgiveness or offering forgiveness, and we know that through offering forgiveness, a door to the future opens to the people who have made a fault.

Forgiveness is essential in society, within the family and in Church since we are all humans are hence, we are subject to make mistakes.

Let the one among you who is without sin be the first to throw a stone at her”.

These words of Jesus invite us to look at our mistakes and avoid judging and condemning others.

Due to our prejudgments and our condemnations, frustrations and ruptures are produced. Due to our comprehension and our forgiveness, there are people who rise up and changes or conversions occur.

We are all witnesses of divisions and separations among us. We are all witnesses of the resentment and hatred in our families, our workplace, our neighborhoods and communities. In all of these situations, it began with a prejudgment, a critique, a misunderstanding or a condemnation.

In all of these situations there are people who suffer and who have lost their inner peace due to the separation, division or the lack of understanding and forgiveness.

The one who cannot forgive is suffering so much like the one who is not forgiven. Forgiveness is a powerful weapon that builds peace and fortifies relationships within the family, workplace, society and in our communities.

We cannot deny that there are serious occasions in which we cannot forgive. I think on all those deep and irreparable wounds.

I believe that when we are not able to forgive, we need, in order to reconstruct peace in our hearts, to place those situations in the hands of Justice and God.

If the attacker is judged by society and if we place him or her in the hands of God, our life, regardless of the wound, ill be able to avoid the feeling of vengeance that will prevent us from recovering our inner peace, which is essential in a human’s happiness.

Let us pray to the Lord to help us accept the grace and strength needed to be capable of knowing how to forgive and receive the others and God’s forgiveness.

May the Lord helps us fight against all critiques, all prejudgments, and commendations, so that our relationships within our family, society and community are stable and so that we could discover the force of forgiveness.

Amen.

 

Fr. Germán


5º Domingo de cuaresma

Año Litúrgico C

Los Ángeles, el 21 de marzo del 2010

1ª lectura: del libro de Isaías 43,16-21

Salmo : 125(126) 1-2.2-3.3-4.4-5.6

2ª lectura: 2ª carta de San Pablo a los Filipenses 3,8-14

Evangelio: San Juan 8,1-11

Una semana antes de que termine la cuaresma, la Palabra de Dios nos invita a reflexionar sobre el perdón.

Todos hemos sido perdonados algún día en nuestra existencia, por nuestros padres, nuestros profesores, nuestros camaradas, nuestros colegas de trabajo, nuestro esposo, esposa o compañero.

Todos hemos hecho la experiencia del perdón recibido y del perdón ofrecido y sabemos que al recibir o al ofrecer un perdón, se abre una puerta hacia el futuro para la persona que ha cometido una falta.

El perdón es indispensable en la sociedad, en la familia y en la Iglesia ya que todos somos humanos y por lo tanto sujetos al error.

Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra”.

Estas palabras de Jesús nos invitan a mirar nuestros errores y a evitar de juzgar y de condenar a los demás.

A causa de nuestros juicios y nuestras condenaciones hay frustraciones y rupturas que se producen. A causa de nuestra comprensión y nuestros perdones hay personas que se levantan y cambios o conversiones que se realizan.

Todos somos testigos de divisiones y de separaciones alrededor de nosotros. Todos somos testigos de rencores y odios que existen en nuestras familias, en los lugares de trabajo, en nuestros barrios y comunidades. En todas estas situaciones existe al comienzo un juicio, una crítica, un mal entendido o una condenación.

En todas estas situaciones hay personas que sufren y que han perdido la paz interior a causa de la separación, de la división o de la falta de comprensión y de perdón.

Aquel que no es capaz de perdonar sufre tanto como el que no es perdonado. El perdón es un arma poderosa para construir la paz y para fortificar las relaciones en la familia, en el trabajo, en la sociedad y en nuestras comunidades.

No podemos negar que hay casos graves en los cuales no somos capaces de perdonar. Yo pienso a todas las heridas profundas e irreparables.

Me parece que cuando no somos capaces de perdonas, debemos, para reconstruir la paz en nuestros corazones, colocar la situación en las manos de la justicia y en las manos de Dios.

Si el agresor es juzgado por la sociedad y si lo colocamos en las manos de Dios, nuestra vida, a pesar de la herida, podrá evitar el sentimiento de venganza que nos impedirá de recobrar la paz interior indispensable en la felicidad de todo hombre.

Pidámosle al Señor que nos ayude a aceptar la gracia y la fuerza de saber perdonar para ser capaces de recibir el perdón de los demás y el perdón de Dios.

Que el Señor nos ayude a luchar contra toda crítica, todo juicio y condenación para que las relaciones en nuestra familia, nuestra sociedad y nuestra comunidad sean estables y para que todos descubramos la fuerza del perdón.

Amen.

P. Germán
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