23rd Sunday in OT year B LA, September 5th/6th, 2015

posted Sep 2, 2015, 8:20 AM by German Sanchez   [ updated Sep 10, 2015, 11:01 AM ]

23rd  Sunday in Ordinary time

year B

Los Angeles, September 5th/6th, 2015

1st Reading: from the Book of Isaiah 35:4-7a

Psalm : 145(146)7,8-9,9-10

2º Reading: from the letter of St James 2,1-5

Gospel: Saint Mark 7,31-37

The message of today’s liturgy is summarized in the word: Ephphatha! Open up!

The Word of God invites us to open our ears, mouth and heart.

Open my ears:

For sure we all need to have hands laid on us to open our ears. We hear the Word of God almost every day. The Lord speaks to us, advises us, and guides us whenever we listen to His word. But quite often we are deaf. Sometimes we return home on Sunday after mass and cannot even recall a sentence of the Word of God. We need to pray so that our ears are open. Whenever the word of God is proclaimed before us, we have to understand God’s personal message for us. Let’s work this week so that our ears are open and able to listen to the voice of God who speaks to us whenever the Church announces His word.

Open my mouth:

For sure we all need to have hands laid on us to open our mouths and to loosen our tongues so that we can announce clearly and unambiguously that God lives in our hearts, that we believe in His presence in the world, and that we live enlightened by the Spirit of God.

We are too unconfident. We feel quite shy about our faith. Sometimes we feel embarrassed to say that we are Christians. We are like the man in the Gospel who speaks with difficulty. We need to pray so that our mouths are open and our tongues loosened. The joy and peace that we feel whenever we receive God’s blessings should be shared with others who are unaware of His love and care for us.

Open my heart:

For sure we all need to have hands laid on us to open our hearts. The happiest people on earth know how to love, they keep an open heart to welcome other people they find in their lives. We need to open our hearts to see our brothers and sisters with the eyes of God. We should pray so that we can love both the rich and the poor, the boss of the company that employs us, and the person who works for us. We should not discriminate and judge others with fake standards.

Lord open my ears, my lips and my heart so that I can be like you.

Amen.

Fr. Germán

23º Domingo del tiempo de la Iglesia 

Año Litúrgico B

Los Ángeles, el 6 de septiembre del 2015

1ª lectura: del libro de Isaías 35,4-7a

Salmo: 145(146)7.8-9.9-10

2ª lectura: carta de Santiago 2,1-5

Evangelio: de San Marcos 7,31-37

El mensaje de la liturgia se recapitula en la palabra: ¡Effetá! ¡Ábrete!

La Palabra de Dios nos invita a abrir los oídos, la boca y el corazón.

Abrir los oídos:

Estoy seguro que todos necesitamos una imposición de manos para que nuestros oídos se abran. Escuchamos la Palabra de Dios casi todos los días. El Señor nos habla, con aconseja y nos guía cada vez que escuchamos su Palabra. Pero frecuentemente estamos sordos. A veces regresamos a nuestros hogares, el domingo después de misa, y no recordamos ni siquiera una frase de la Palabra de Dios. Necesitamos orar para que nuestros oídos se abran. Cada vez que la Palabra de Dios es proclamada frente a nosotros, debemos comprender el mensaje personal que Dios nos dirige. Trabajemos en esta semana para que nuestros oídos se abran. Para que escuchemos la voz de Dios que nos habla, cada vez que nos anuncian la Palabra de Dios.

Abrir la boca:

Estoy seguro que todos necesitamos una imposición de manos para que nuestra boca se abra, para que nuestra lengua anuncie claramente y sin ambigüedad, que Dios vive en nuestro corazón, que creemos en su presencia en el mundo, y que vivimos animados por el Espíritu de Dios.

Somos muy tímidos. Sentimos  un cierto pudor al hablar de la fe. A veces nos da vergüenza decir que somos cristianos. Somos como el hombre del evangelio que habla con dificultad. Necesitamos orar para que nuestra boca se abra y nuestra lengua se desate. Cada vez que recibimos una bendición de Dios, podemos compartir la alegría y la paz que nos invade, con aquellos que no saben que Dios nos ama y cuida de nosotros.

Abrir el corazón:

Estoy seguro que todos necesitamos una imposición de manos para que nuestros corazones se abran. Las personas más felices son aquellas que saben amar, aquellas que tienen un corazón abierto, para recibir a los que encuentran en su camino. Necesitamos abrir el corazón para mirar a nuestros hermanos y hermanas con los ojos de Dios. Debemos orar para aprender a amar al rico y al pobre, al jefe de la empresa que nos da trabajo y al obrero que trabaja para nosotros. No debemos hacer diferencias ni juzgar a los demás con falsos criterios.

Abre Señor mis oídos, mis labios y mi corazón para que pueda ser como tú.

Amén     P. Germán
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