Palm Sunday B LA, March 31st / April 1st , 2012

posted Apr 4, 2012, 4:11 PM by Fr Germán Sanchez

Palm Sunday

Time B

Los Angeles, April 1st , 2012

Blessing the Palms: St Lk 19,28-40

1st Reading:  Book of the Prophet Isaiah 50,4-7

Psalm:21(22)8-9,17-18,19-20,23-24

2º Reading: Letter of Saint Paul to the Philippians 2,6-11

Gospel: Saint Luke 22,14-23,56

 

Today’s homily will be read by Brother Emmanuel from the community of Taizé (France).

Brother Emmanuel has been with us since last Wednesday and will be here until next Tuesday. Thank you Emmanuel for sharing with us your faith and your joy of devoting your life to the Lord.

Have a blessed Holy Week,

Amen.

Fr. Germán
 
We dont have the English translation.
The English homily was done by Fr Mark Villano and we dont have the text.
Sorry about that.

Domingo de Ramos

Año Litúrgico B

Los Ángeles 1 avril de 2012

Bendición de las Palmas: St Luc 19,28-40

1ª lectura : Libro del Profeta Isaias  50,4-7

 Salmo:21(22)8-9,17-18,19-20,23-24

2ª lectura :de la carta de Sn Pablo a los Filipenses 2,6-11

Evangelio: San Lucas 22,14-23,56

 

 

 

La homilía del día de hoy será leída por el hermano Emmanuel de la comunidad de Taizé.

Emmanuel se encuentra  con nosotros desde el pasado miércoles hasta el próximo martes. Gracias Emmanuel por aceptar  compartir con nosotros tu fe, así como    tu felicidad por   consagrar  tu vida al Señor.

Amen

P Germán

 

 

 

Br Emmanuel said :
"El Padre Germán me invitó a comentar la entrada de Jesús a Jerusalén y su Pasión al mismo tiempo que a compartir mi investigación sobre las espontaneas representaciones de Dios y su influencia en nuestra relación de amor con Dios.

 

La entrada de Jesús en Jerusalén y su Pasión nos revelan que la belleza del amor de Dios es mucho más grande que lo que nosotros percibimos bajo nuestros condicionamientos sicológicos, culturales y teológicos.

La humilde entrada de Jesús en Jerusalén nos revela que la grandeza de Dios no corresponde a lo que nosotros imaginamos espontáneamente.

La humilde entrada de Jesús en Jerusalén nos revela que la grandeza de Dios no corresponde a lo que nosotros imaginamos espontáneamente.

Nuestra espontanea representación de la grandeza divina resulta frecuentemente cuando transferimos a Dios los atributos relacionados con lo que el ser humano asimila a un estado de grandeza aquí en la tierra; es decir, una grandeza jerárquica, social o real….

Pero la fe cristiana se refiere a un Dios de amor y no se trata de cualquier grandeza divina sino de la grandeza de un amor divino.

 

Todos sabemos que la principal característica de la grandeza de un amor es la cualidad del amor ofrecido al ser amado.

 

La entrada de Jesús a Jerusalén y sobretodo el don de su vida en la cruz nos revelan la verdadera grandeza del amor divino, según sus propias palabras: “ No hay amor más grande que el de dar su vida por la persona amada” (Jn 15,13) .

 

La verdadera grandeza de un ser se revela en la calidad de su amor. Creer en un Dios de amor, es sentirse llamado a convertir permanentemente la representación de una grandeza divina alejada e imponente en una grandeza divina sinónima de un amor de calidad que no para de revelarse cada día más grande.

 

La entrada de Jesús en Jerusalén y su Pasión nos invitan también a meditar las palabras más esenciales que Jesús pronunció durante su ministerio. No hay nada más importante para Jesús que la invitación: “Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, de toda tu alma y con todo tu ser”  (Mt 23,37).

¿Somos conscientes que lo primero que Dios nos pide no es de hacer algo en particular y mucho menos de seguir un moralismo estricto, sino que nos solicita que lo amemos, a él que es Dios y que lo amemos de todo nuestro ser?

 

 

Esta solicitud revela el corazón de un Dios que desea ardientemente ser amado y ser amado no de una manera banal y aburrida sino de un amor total y apasionado –“de todo corazón, con toda nuestra alama y con todo nuestro ser”.

 

Toda solicitud sincera de ser amado tiene algo de conmovedor. La solicitud de la parte de Dios transforma nuestra manera de representarnos esta misteriosa presencia divina a nuestro lado y nuestra manera de amarlo. De la misma manera que al descubrir las esperanzas de la mujer (o del hombre) que tu amas te llevan a ofrecerle lo mejor de tu amor.

El cristiano está invitado a entrar desde ahora en un intercambio de amor divino-humano y a vivirlo lo más intensamente posible con su sensibilidad, su afectividad, su identidad sexual y su manera de amar.

 

 

La Pasión de Cristo nos revela también que no hay contradicción entre la existencia de un Dios de amor y la existencia del mal ya que el poder infinito de Dios no es lo que nos representamos espontáneamente".

 

Tenemos que saber que la fe cristiana, hablando de un Dios de amor no  está hablando de cualquier poder infinito divino, sino del poder infinito del amor divino; es decir, un poder infinito que no puede ser definido sino a partir de las propias características del misterio del amor.

 

 

Pero, una de las características del amor es el respeto de la libertad del ser amado. La persona que ama no puede obligar al ser amado a aceptar su amor a pesar del sufrimiento que le ocasiona un rechazo eventual.

 

 

Un Dios de amor no podía obligar al ser humano a aceptar su amor o a amar a sus semejantes, a pesar del profundo sufrimiento ocasionado por un rechazo eventual.

 

El hecho de que el ser humano pueda libremente rechazar el amor y pueda hacer el mal, no niega la existencia de un Dios de amor; al contrario, la posibilidad de cometer el mal es el único escenario compatible con la existencia de un Dios de amor.

 

 

 

La verdadera imagen del poder infinito se reveló en la Pasión de Jesús cuando él continúa a amar a los que lo rechazan y lo crucifican. El poder infinito del amor divino se verifica en su capacidad ilimitada a mar a pesar de todo, ya que se trata de un amor infinito que nada ni nadie puede impedir de amar enlazablemente.

 

Esto nos revela también la más profunda significación del signo de la cruz que hacemos frecuentemente. El símbolo de la cruz no fue escogido para exaltar el sufrimiento sino para exaltar ese amor infinito del cual nadie está excluido.

 

El signo de la cruz expresa la confianza del cristiano en que nada ni nadie podrá separarlo –a él y a los que él ama- del amor divino. San Pablo escribe “Yo estoy seguro que ni la muerte,… ni el presente, ni el futuro, ni nadie podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús”.

 

 

Entonces, los invito a hacer el signo de la cruz durante toda su vida pensando a estas dos felicidades que celebramos particularmente hoy y a lo largo de la Semana Santa:

Primero pensando que ‘nada podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús y segundo pensando que “nada podrá separar a aquellos que yo amo del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús”. Amen  

 

Hermano Emmanuel de Taizé  

 

 

 

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