PENTECOST Los Angeles, May 14th/15th, 2016

posted May 13, 2016, 6:37 PM by German Sanchez

PENTECOST

Los Angeles, May 14th/15th, 2016

1st Reading: of the Book of the Acts of the Apostles 2:1-11

Psalm: Ps. 104 :1,24,29-30,31,34  

2º Reading: letter of Saint Paul to the Romans 8,8-17

Gospel: Saint John 14:15-16,23b-26


Pentecost is the feast of the Church, the feast of all the baptized. Today we celebrate the coming of the Holy Spirit upon all the baptized.

Saint Paul writes in the letter to the Romans (8,9) “The Spirit of God dwells in you…”

We are the Temples, the Sanctuaries and the living dwellings of God in the world. We are men and women chosen by God for this.

The readings that the Liturgy offers today help us to understand Who the Holy Spirit is and what are the manifestations of the Holy Spirit in our lives.

Who is the Holy Spirit?

The Acts of the Apostles tell us that the Spirit is a strength that came from heaven. When He arrived, He came as a strong driving wind. We behave with God’s strength that allows us to speak and to show the world the power of love, mercy, compassion and forgiveness. The strength of God which dwells in us makes us capable of transforming the world. We have the strength of God that helps us to change hatred into love, to forgive when we are hurt and to work for unity when there are divisions. The strength of the Holy Spirit helps us to live the prayer of Saint Francis of Assisi because He sends us always to serve others and all of creation.

The Spirit of God is also the fire and the light that help us discover the truth when error confuses us. He gives us faith (which means confidence) when doubt disturbs our existence. The light of God helps us to put away the darkness and fills us with hope when despair and sadness separate us from the Good News of the Gospel.

The Spirit of God is also our Advocate. He teaches us everything we should know so evil doesn’t prevail in our lives and in the world.

He reminds us that Jesus told us to be faithful witnesses in face of others.

What is the manifestation of the Holy Spirit in the lives of those where He lives?

We who use the strength of God to transform our lives and that of the world, we who allow the light of God to illuminate our words and acts and those of us who go to the Advocate of heaven to ask him the way to follow, we speak the same language, the tongue of love.

The language of those in whom the Spirit of God dwells is the same in all continents and cultures because it is universal language.

The mother tongue of all is the language that dwells in us and is the language of God which is the tongue of the heart.

The presence of the Spirit of God is manifested in our lives when we speak with the heart, when we speak the language that uses words of mercy, forgiveness, compassion and brotherhood.

The world hears the words of the Church and discovers the image of God when the Holy Spirit dwells in our hearts and helps us to speak the language everyone can understand which is called Love.

Amen. 

Fr. Germán

PENTECOSTÉS

Año Litúrgico C

Los Ángeles, 15 de mayo del 2016

1ª lectura: de los Hechos de los Apóstoles 2,1-11

Salmo: 103(104)1.24.29-30.31.34  

2ª lectura: carta de San Pablo a los Romanos 8,8-17

Evangelio: de San Juan 14,15-16.23b-26

Pentecostés es la fiesta de la Iglesia, la fiesta de todos los bautizados. Hoy celebramos la venida del Espíritu Santo sobre todos los bautizados.

San Pablo escribe en la carta a los Romanos (8,9) “El Espíritu de Dios habita en ustedes…”.

Somos el Templo, el Santuario, la casa, la habitación de Dios en el mundo. Los cristianos son hombres y mujeres escogidos por Dios, para habitar en su existencia.

Las lecturas que la liturgia nos propone hoy, nos ayudan a comprender, quién es el Espíritu Santo y cómo se manifiesta en la vida de aquellos en quienes habita.

¿Quién es el Espíritu Santo?

Los Hechos de los Apóstolos dicen que el Espíritu es la fuerza que viene del cielo, que hace ruido cuando llega y que se asemeja a un viento violento. Nosotros portamos en nuestra vida la fuerza de Dios, que nos permite hablar y actuar para mostrarle al mundo el poder del amor, de la misericordia, de la compasión y del perdón. La fuerza de Dios que habita en nosotros, nos hace capaces de transformar el mundo. Tenemos la fuerza de Dios que nos ayuda a cambiar el odio en amor, a perdonar cuando hemos sido ofendidos, a trabajar por la unidad cuando hay divisiones. La fuerza del Espíritu Santo, nos ayuda a vivir la oración de San Francisco de Asís, porque nos envía siempre a servir a los demás y a la creación entera.

El Espíritu de Dios es también el fuego, la luz que nos ayuda a descubrir la verdad, cuando el error trata de confundirnos. Nos da la fe (es decir la confianza), cuando la duda perturba nuestra existencia. La luz de Dios nos ayuda a disipar las tinieblas. Nos llena de esperanza, cuando la desesperanza y la tristeza, nos alejan de la Buena Nueva, del Evangelio.

El Espíritu de Dios es también nuestro Defensor. Nos enseña todo lo que debemos saber, para que el mal no reine en nuestra vida o en el mundo. Nos recuerda todo lo que Jesús nos dijo, para que seamos testigos frente a los demás.

¿Cómo se manifiesta el Espíritu Santo en la vida de aquellos en quienes habita?

Quienes utilizan la fuerza de Dios para transformar su vida y el mundo, quienes permiten que la luz de Dios, ilumine sus palabras y sus actos. Y quienes acuden al Defensor del cielo, para que les muestre el camino a seguir hablando el mismo idioma: el idioma del amor.

El idioma de aquellos en los cuales el Espíritu de Dios habita, es comprendido en todos los continentes y culturas porque se trata de un lenguaje universal.

La lengua materna de todos los humanos es la lengua que nos habita, es el lenguaje de Dios, es la lengua del corazón.

La presencia del Espíritu de Dios en nuestra vida, se manifiesta cuando hablamos con el corazón, cuando hablamos el idioma que utiliza palabras de misericordia, de perdón, de compasión y de fraternidad.

El mundo escucha los discursos de la Iglesia y descubre la imagen de Dios, cuando el Espíritu Santo habita nuestros corazones y nos hace hablar el idioma que todos comprenden que se llama Amor.

Amén  

P. Germán
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