The Body and Blood of Christ B LA, June 9th /10th 2012

posted Jun 7, 2012, 6:32 PM by German Sanchez   [ updated Jun 9, 2012, 1:22 PM ]

The Body and Blood of Christ

Time B

Los Angeles, June 9th /10th  2012

1st Reading: of the book of Exodus 24:3-8

Psalm : 115 (116)12-13,15-16,17-18

2º Reading: the Letter to the Hebrews 9:11-15

Gospel: according to Mark 14:12-16,22-26

In the Gospel of this Sunday St. Mark tells us the story of the Last Supper.

St. Mark writes that the Last Supper took place in Jerusalem in a large room on the upper floor.

Among the places visited by pilgrims to Palestine and Israel is the great room on the upper floor which commemorates the Last Supper. Aside from its historical value or its location one interesting thing about “the Cenacle” lies in its decoration.

One of the pillars of stone there is carved with an image of a mother pelican with her young on her feet.

The pelican, ancient symbol in art represents the gift of life. According to legend, in time of famine, the mother pelican draws blood from her own breast to feed her young. She gives away her life for her young.

In our church, above the tabernacle, where the Body of Christ is preserved for distribution to the sick and the elderly who are unable to attend the Eucharist, we keep a small image of a pelican bleeding to feed her young. What a beautiful sign to remind us about the Blood of Christ!

Today we celebrate the Body and Blood of Christ; we celebrate the Eucharist, which is the greatest gift that God has given to humankind.

God gives himself away for us. He gives his life so that we can live abundantly.

We Christians, through our participation in the Eucharist, believe that we are nourished by the Body and Blood of Christ. We believe that the life of God comes into our lives to nourish our existence and to help us live and overcome anything that might destroy humankind.

The Body and Blood of Christ that we receive during the Eucharist purifies us, strengthens us, and encourages us to live as God’s children and as members of the Body of Christ who has given His life for us.

Like the pelican’s young who feed from the blood of their mother to grow and become like her, we Christians, allow ourselves to be fed with the Body and Blood of the Lord to become like him.

Thank you Lord for giving us your life. May you teach us to give our lives for those whom you have entrusted to us.

Amen.

  Fr. Germán

El Cuerpo y la Sangre de Cristo

Año Litúrgico B

Los Ángeles, el 10 de junio del 2012

1ª lectura: del libro del Éxodo 24,3-8

Salmo : 115 (116)12-13.15-16.17-18

2ª lectura: de la carta a los Hebreos 9,11-15

Evangelio: de San Marcos 14,12-16.22-26

Este domingo, San Marcos nos habla, a través del  Evangelio,  sobre el relato de la última cena.

San Marcos nos dice que la última cena tuvo lugar en Jerusalén en una gran sala situada en un segundo piso.

Entre los lugares  importantes que se visitan  en peregrinación  a Palestina y a Israel, se encuentra una gran sala en el segundo piso, en la cual se hace memoria de la última cena. Sin embargo, el día de hoy, no quisiera referirme a la historia ni tampoco a la ubicación de ese lugar; lo que me interesa es la decoración de esa sala, a la  que llamamos “el Cenáculo”.

En uno de los pilares de  piedra,  se encuentra la figura  de un  Pelícano  con sus hijuelos a sus pies.

El Pelícano es un símbolo, en el arte  antiguo,  que representa  la donación de la vida. Se dice que el Pelícano, cuando no tiene alimento que ofrecer a sus crías, se pica para alimentarlas con su sangre. Así el ave da su vida por sus pequeños.

Ese símbolo también se encuentra, en la parte alta del tabernáculo de nuestra iglesia, ahí, en donde el Cuerpo de Cristo se conserva para distribuirlo entre las personas que se encuentran enfermas o bien entre las personas de la tercera edad  que no pueden participar en la Eucaristía. Precisamente en esa parte de la iglesia tenemos un cuadro que representa a un Pelícano  sangrándose para alimentar a sus pequeños. Qué hermoso signo para recordarnos la Sangre de Cristo.

Hoy estamos celebrando el Cuerpo y la Sangre de Cristo que  a su vez, es el regalo más grande que Dios le ha dado a la humanidad. Estamos celebrando la Eucaristía.

Dios se da Él  mismo por nosotros. Él da su vida para que nosotros podamos vivir abundantemente.

Los  cristianos, al participar en  la mesa de la Eucaristía, somos  alimentados por el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Dios viene a nuestra existencia  para ayudarnos a vivir y a superar  situaciones  que puedan destruir nuestra humanidad.

El Cuerpo y la Sangre de Cristo  que conmemoramos y recibimos a través de la comunión en la Eucaristía nos purifican, nos fortalecen y nos animan para vivir como hijos de Dios y como miembros del Cuerpo de Cristo, quien dio su vida por nosotros.

Como los pequeños del Pelícano que se dejan alimentar por la sangre de su madre para crecer y ser  como ella, de la misma manera los cristianos, nos dejamos alimentar por el Cuerpo y la Sangre del Señor para ser como él.

Gracias Señor por darnos tu vida y enséñanos a dar nuestra vida por aquellos que nos has confiado.

Amen.

P. Germán
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