THE TRINITY FEAST B LA, May 30th-31st, 2015

posted May 29, 2015, 5:00 PM by German Sanchez

THE TRINITY FEAST

 Year B

Los Angeles, May 30th - 31st, 2015

1st Reading: from the book of Deuteronomy 4,32-34.39-40

Psalm : 33,4-5.6.9.18-19.20.22

2º Reading: from the letter of Saint Paul to the Romans 8,14-17

Gospel: according to Mathew 28,16-20

 

Today we celebrate the feast of the Trinity: the Father, the Son and the Holy Spirit. Today we proclaim the originality of our faith. We believe in one God who is Father, Son and Holy Spirit.

All our prayers and all our conversations with God begin by invoking upon us the Father, the Son and the Holy Spirit.

Let us make together a big sign of the cross to begin our reflection about God.

In the Name of the Father, and of the Son, and of the Holy Spirit. We conclude by saying AMEN. In other words: Yes, I believe. Let us take a few minutes to reflect on what we are saying every time we make the sign of the cross, every time we invoke the Trinity.

The Father.

We invoke the Father on our foreheads using one of our hands (right or left, it doesn’t matter. Sometimes left-handed people like myself prefer to make the sign of the cross with the left hand simply because it is more adept.) Our head contains the complex computer that allows us to think, to move, and to manage almost all of the activities of our body. Through our prayers we ask God the Father to bless our brain, this extremely complex machine placed in our bodies by the Creator, so that we can be smart and creative.

The Son.

In the downward movement that goes from head to the foot, we ask God the Son to bless our body. Therefore, it is important to make the sign of the cross over the whole body and not only over a small part of it. Our body is blessed because it is the instrument that allows us to exist in this world. With our body we love, we work, and we keep a relationship with God, with nature, and with one another. Invoking God the Son into us reminds us that our body is sacred. Receiving God the Son into our body allows us to love it, to take care of it, and to entrust it to Christ so that He can help us to fight disease and anything that can destroy or tarnish the beauty of the body that God has entrusted to us.

The Holy Spirit.

In the same way as we invoke God the Son throughout our body, we invoke the Holy Spirit in crossing our shoulders and heart. The heart is recognized as the place of love. Our shoulders remind us that, on both sides, there are our brothers and sisters and the creation which God has entrusted to us. The Holy Spirit is God's presence in our life which enables us to love others and to respect creation. The Holy Spirit is the light and the strength of God who is with us, today and until the end of the world and who makes of us His presence to those who have yet to discover God’s love.

Never again make just a quick sign of the cross over your body. Let us take the time to bless our bodies with the Trinity who is the Father, the Son, and the Holy Spirit. Each time we make the sign of the cross, it is a moment of intimacy with God, dedicating our intelligence, our body, and our heart to being his presence in the world.

Amen. 

Fr. Germán

LA TRINIDAD

Año Litúrgico B

Los Ángeles, el 31 de mayo del 2015

1ª lectura: del libro del Deuteronomio 4,32-34.39-40

Salmo : 32,(33)4-5.6.9.18-19.20.22

2ª lectura : de la carta de San Pablo a los Romanos 8,14-17

Evangelio: de San Mateo 28,16-20

 

Hoy celebramos la Fiesta de la Trinidad. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Hoy proclamamos la originalidad de nuestra fe. Nosotros creemos en un Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Todas nuestras oraciones y todas nuestras conversaciones con Dios empiezan por la invocación, sobre nosotros, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Hagamos juntos un gran signo de la Cruz para empezar nuestra reflexión sobre Dios.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Y concluimos diciendo AMEN. Es decir, sí, yo creo. Tomemos unos minutos para reflexionar en lo que afirmamos, cada vez que hacemos el signo de la Cruz sobre nosotros, cada vez que invocamos la Trinidad sobre nosotros.

El Padre.

Con nuestra mano (derecha o izquierda, poco importa. Quienes son zurdos, como yo, preferimos de vez en cuando, hacer el signo de la cruz con la mano izquierda. Para nosotros, es más útil que la mano derecha) invocamos al Padre sobre nuestra frente. En la cabeza se encuentra el complejo computador que nos permite pensar, movernos y controlar todas o casi todas las actividades de nuestro cuerpo. En la oración, le pedimos a Dios Padre que bendiga nuestro cerebro que es la  máquina, extremamente compleja que el Creador puso en nuestro cuerpo para que seamos como Él inteligentes y creadores.

El Hijo.

En un movimiento que va de la cabeza a los pies, pedimos al Hijo de Dios bendecir nuestro cuerpo. Por eso es importante que el signo de la cruz, se haga sobre todo el cuerpo y no solamente sobre una pequeña parte de él. Nuestro cuerpo es bendito ya que es el instrumento que nos permite existir en el mundo. Con nuestro cuerpo amamos, trabajamos y tenemos relaciones con Dios, con la naturaleza y con los demás. Colocar a Dios Hijo sobre nuestro cuerpo, es la manera de recordar que nuestro cuerpo es sagrado. Recibir al Hijo en nuestro cuerpo, nos permite amar nuestro cuerpo, cuidar de él y al mismo tiempo confiarlo a Cristo. Para que Él nos ayude a luchar contra la enfermedad y contra todo lo que puede destruir o ensuciar la belleza del cuerpo que Dios nos ha confiado.

El Espíritu Santo.

De la misma manera que colocamos al Hijo a lo largo de nuestro cuerpo, colocamos también al Espíritu Santo de un hombro al otro pasando por el corazón. El corazón es reconocido como el lugar del amor. El hombro derecho e izquierdo, nos recuerdan que de un lado y del otro de nuestro cuerpo están nuestros hermanos, hermanas y la creación que Dios nos ha confiado. El Espíritu Santo es la presencia de Dios en nuestra vida, nos permite amar a los demás y respetar la creación. El Espíritu Santo es la luz y la fuerza de Dios que está con nosotros hoy y hasta el fin del mundo. Gracias al Espíritu Santo somos el Cuerpo de Cristo presente en medio de aquellos que no conocen todavía Dios.

No hagamos nunca más un signo de la cruz sobre nuestro cuerpo de manera rápida. Tomemos el tiempo necesario para bendecir nuestro cuerpo con la Trinidad que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Cada signo de la cruz que hacemos sobre nosotros, es un momento de intimidad de nuestra inteligencia, de nuestro cuerpo y de nuestro corazón con Dios para poder ser en el mundo su presencia.

Amen.    P. Germán
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